TEXTOS | CRUCE DE MIRADAS

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Sun 19-11-2006 11:58 AM

CRUCE DE MIRADAS

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Este supuesto autorretrato de Marie-Denise Villers titulado Joven dibujando (1801) es un buen ejemplo de la estética neoclásica en uno de sus momentos más originales. También una de las obras más acreditadas de una pintora, en un momento histórico en que la mujer se incorpora de forma decisiva a la creación artística.

Se trata de un interior que nos muestra el espacio exterior a través de la ventana, uno de cuyos cristales está roto, por la que vemos un ejemplo de arquitectura neoclásica también con un tratamiento de perspectiva lineal. Al fondo hay dos figuras empequeñecidas por la distancia.

La ventana sobriamente desnuda de todo adorno, lineal y sencilla, es la puerta de la luz que ilumina la figura en un cierto claroscuro. Es una persona sorprendida en el acto de dibujar, está sentada, algo inclinada para sostener la carpeta, muestra en su mano derecha el lápiz y mira hacia el contracampo, como si estuviera esperando el disparador de la cámara fotográfica. Esta instantaneidad del cuadro es lo más sorprendente y moderno de la obra, nos aproxima a los procedimientos y poses de la reproducción mecánica.

Sobre el fondo neutro de la desnuda pared de la habitación destaca la figura, resaltando en su luz por el vestido blanco, que contrasta vivamente con el rojo de la capa, dejada en el respaldo de la silla, tapizada también en tercipelo rojo.

En el cuadro se han cuidado mucho los pliegues del vestido, que caen de una forma muy clásica, casi escultórica, ocultando el pie izquierdo, mientras que el derecho asoma levemente adelantando su posición.

El rostro triangular viene enmarcado por las guedejas de pelo rubio que contornean la cara de la bella joven, esta caída tiene paralelo con las cintas que cuelgan del cierre de la carpeta.

Pese al estatismo de los elementos de fondo, la figura ofrece un aspecto muy dinámico, por la postura inclinada que crea una línea diagonal en paralelo con la carpeta. Mientras que el respaldo se orienta en sentido contrario formando una uve, que se ve repetida en el ángulo del brazo izquierdo.

Los espectadores de la obra que disfurtan de todos los elementos de la figura y de la composición son mirados de forma atenta y sorprendida por la expresión del rostro, que posiblemente estaba mirando la figura que dibuja, en definitiva nosotros en este momento.

Así podemos obervar que de una estética aparentemente fría y monótona como se supone que es la neoclásica, estrictamente académica se puede obtener una obra creativa, fresca, y luminosa como es este autorretrato real o supuesto, y en esta duda sigue estando también la voluntad expresiva de la obra.

En definitiva es la obra en que se cruzan dos miradas, la del espectador y la del texto, ambos se contemplan, ambos se observan, ambos se citan, se requieren. Y es que la obra de arte es diálogo, comunicación, creación mutua del autor y del lector.

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