Sat 22-07-2006 09:08 PM
CULTURA DEL LIBRO
Este cuadro de Rembrandt, San Pablo, nos ofrece una interpretación plástica del autor de las epístolas. Su figura patriarcal de anciano venerable y severo, su barba mosaica, su rostro surcado de arrugas, su mirada profunda y meditativa, recrean una pose de gran solemnidad, a pesar del atuendo casero y anacrónico del personaje, un suntuoso batín morado.
Observemos el momento que recoge el retrato, sostiene en la mano derecha un instrumento de escritura, pues se ha apartado momentáneamente de esta actividad, para posar ante el pintor. Mantiene inclinado en la mesa y sobre su regazo un gran infolio del que podemos casi leer sus letras, vemos la transparencia de sus hojas, el volumen de sus páginas. Sobre él tiene otro papel en el cual estaba escribiendo en este momento, tal vez una de sus epístolas a las iglesias.
El retrato transmite toda la fuerza profética del apostol, hay en él algo sobrio, pero también grandioso y solemne. Y es la escritura de nuevo la ocupación del personaje retratado, como tantas veces ocurre en los cuadros del Rembrandt.
Estamos en la cultura del libro y de la palabra escrita, que confiere dignidad y autoridad a los personajes y a la pintura de este genio holandés del siglo XVII. La veneración de las artes centrada en la plasmación figurativa del libro, y en la potencialidad expresiva del texto, texto plástico o texto verbal, ambos son soportes de una gran elocuencia, de un gran sentido. Un sentido civil, liberado de instituciones religiosas que lo custodien y lo atrapen.
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