Thu 20-07-2006 09:16 AM
LA TEXTURA DEL SUJETO
El presente cuadro de Rembrandt, Rabino anciano, nos muestra la majestad tranquila del sacerdote, acompañado de sus libros sagrados. De nuevo la cultura del libro, de las escrituras, es un motivo más en los retratos del pintor.
Rembrandt estaba influido por el ambiente mosaico de su ciudad natal. La cultura judía es una de las culturas del libro, en la que la sabiduría y el conocimiento religioso y doctrinal se recoge en un canon bibliográfico, que es código y ley al mismo tiempo.
La cultura que surge del Renacimiento es también una cultura del libro, de la tecnología de reproducción documental mecánica que nace con la imprenta.
El sujeto y su libro, sus libros, son ambos atributos del ser personal y social que se constituye en el Renacimiento. Los libros ya no son escritos inaccesibles, recluidos en las bibliotecas de los monasterios, sino que están al alcance de los burgueses ilustrados, de los comerciantes, que los guardan como un tesoro personal y como un índice de su imagen social.
Este grueso Talmud, encuadernado en piel de becerro, muestra su tapa doblada, sus hojas amarillentas y desgastadas por el continuo uso. El libro es objeto de lectura callada y silenciosa, de meditación, de reflexión. El sujeto se enfrenta a la página y se reconoce en el texto. Teje su mundo en la urdimbre del texto.
Pues el sujeto lector es un individuo solo que se sitúa frente a la obra y la escudriña, la compara, hace inferencias interpretativas, traslada sentidos, reconoce verdades, y se detiene ante las oscuridades del verbo. El libro permanece siempre disponible, a través de su índice, de sus páginas, y mudo al mismo tiempo, pues si bien el signo está en el texto, la palabra reside en el sujeto, y el sentido es lo que ilumina las gastadas páginas de un enjundioso y espeso volumen que reclama y aguarda la presencia de un lector.
En este cuadro la iluminación lateral procede del lado de las Escrituras, el rostro se ilumina más por el lado en que se dirige a la obra escrita, y nos evidencia las horas que el rabino ha pasado hojeando la obra que tiene disponible a su alcance, acompañado por la vela ahora apagada, pero tantas veces utilizada en la lectura de las obras. La luz es testigo, es instrumento y es también lo que se busca.
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