Mon 17-07-2006 02:19 PM
GÉNESIS DEL TEXTO
Esta obra de Rembrandt, Mateo evangelista (1661), refleja con mucho realismo el acto de la escritura, de escribir las Escrituras. Y lo realiza en cuatro momentos.
El rostro del ángel que susurra al oído las palabras inspiradas, es un rostro delicado, pensativo y ensimismado.
Hace contrapunto con ese otro rostro marcado por muchos surcos de la edad y la experiencia vital, barbado y majestuoso que reflexiona también ensimismado, atento a los recuerdos de la memoria y a la voz del espíritu, en su mirada se muestra la actitud de comparar ambos mensajes.
Las manos venosas de Mateo, la izquierda se posa sobre el pecho, para recoger su latido, y la derecha empuña el instrumento que traza signos de la escritura sobre los gruesos pergaminos de un libro repleto de anotaciones.
Estos textos son los depositarios de toda la acción: el susurro de la inspiración, la mente del escriba y las manos experimentadas que trazan los signos de la palabra.
A nosotros espectadores de la obra nos cabe ser testigos del genotexto transformado en fenotexto, en el instante mismo en que se produce el tránsito de uno en otro.
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