TEXTOS | Surrealismo

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Thu 27-01-2005 01:22 PM

Surrealismo

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Esta fotografía de Man Ray Negra y blanca (1926) es un buen exponente de una de las facetas plásticas del movimiento surrealista, una de las vanguardias posteriores a la Primera Guerra Mundial que cambiaron completamente la noción de obra artística, como producto consciente que el artista elaboraba a la luz de la razón, para destacar ese otro lado oscuro o desconocido, el subsconcisciente, que también nos constituye.

Fue necesario que antes se desarrollara el psicoanálisis y sus propuestas sobre la exploración de los aspectos ocultos o reprimidos de la personalidad, ese arsenal de razones escondidas que muchas veces velan acontecimientos traumáticos. También el lugar desde donce empuja la libido. No basta con ello para dar cuenta de las aportaciones que el psicoanálisis ha hecho en el arte. Hay que reconocer también el papel del superyo y el estadio del yo en su empeño por lograr un equilibrio entre los imperativos del super yo y las pulsiones del ello, esa biografía de cada cual, con la serie de epifanias de ese combate.

Este campo de manifestaciones de un sujeto mucho más completo, contemplado en sus facetas visibles e invisibles, en sus luces y en sus sombras, permitía que asomara en los textos artísticos de todo tipo: literarios, cinematográficos, pictóricos, escultóricos, fotográficos..., una amplísima producción en la que los contenidos oníricos tenían un papel privilegidado, pero también la espontaneidad del inconsciente, liberado de cualquier traba represora.

De esta forma afloran en las artes contenidos anteriormente imposibles, pero también formas impensables y sorprendentes. Desde entonces, el arte se dispone a aceptar cualquier tipo de manifestación como una emergencia creativa (desde la obra más elaborada hasta el "objeto encontrado"), que está tanto en su proyecto formativo como interpretativo.

Pues el arte lo hace también, y en gran medida, el propio receptor de la obra, que sabe entender, atribuir sentidos, desde una lectura en la que interviene también su propio subconsciente, estimulado por la obra, y cuya respuesta asociativa lo puede llevar a interpretaciones tan creativas como sea capaz.

Así la obra se entiende como algo que incita nuestra imaginación, como un acceso a nuestro interior, dotada de un importante contenido lidibinal, donde reside la dimensión creativa de la que ha partido esa manifestación, donde se hayan también impensables e insospechadas, así como imprevisibles, manifestaciones de una intuición esencialmente formativa.

El arte se libera de todo academicismo, de cualquier imposición estética previa, y se abre a cualquier concepción o experimento que aporte esa sugestión introspectiva hacia la dimensión creativa del subsconsciente genésico. Desde entonces todos somos también un poco surrealistas o superrealistas. Sabemos así que la "realidad" no se agota en lo visible, en lo aparente, sino que se prolonga hacia otras dimensiones invisibles, pero no menos reales.

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