Sun 14-11-2004 06:03 PM
Amor

La última novela de Gabriel García Márquez Memoria de mis putas tristes (2004) la ha escrito después de diez años de paréntesis público. Es una novela breve, de unas cien páginas, que se lee de un tirón. Pues se trata de una historia de una pieza, centrada en un anciano nonagenario que quiere cumplir un capricho erótico. Él mismo cuenta su deseo y va intercalando retazos de su larga vida, sobre todo los referidos a sus aficiones musicales, literarias y amorosas de soltero impenitente. De paso va desvelando los secretos de su familia, de la que se siente el último vástago.
Por una curiosa paradoja, esta novela que parece una concesión al erotismo de burdel, se va convirtiendo, imperceptiblemente, en el relato de un proceso del cambio psicológico de este anciano, que a esas altura de su vida descubre, finalmente, el amor, lo que significa estar enamorado de forma perdida e irremisible, de una joven virgen de catorce años. A partir de este hecho su vida da un giro drástico y se abre en su existencia una esperanza en la que desea consumir los diez últimos años, hasta alcanzar el centenario.
Otra historia desgajada de la temática de los "cien años de soledad", en la que su autor hace de nuevo un ejercicio sobre lo imposible y maravilloso. En este caso es una historia que no acaba en decadencia y ruina, como en su famosa novela, sino en amor y esperanza.
De nuevo también la temática del amor, tan presente en su obra literaria, recordemos la ya lejana novela sobre El amor en los tiempos del cólera. Los amores tardíos son a pesar de todo amor. Y el amor es el tema más universalmente célebre de los textos literarios, que aparece de nuevo y sin tregua alumbrando el sentido de tantos relatos.
En este caso un atrevido ejercicio, cómo contar una historia de amor en una circunstancias que parecen hacerlo imposible. Solo la literatura y esta vertiente del realismo mágico, hace creíble cuaquier fantasía.
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