Mon 18-10-2004 05:45 PM
Veracidad
Esta cuadro de René Magritte L´aimable vérité nos ofrece una curiosa paradoja visual. La presencia de esa mesa con un mantel de un blanco luminoso, fruta, pan y una botella de vino en una perspectiva lineal bastante acusada se contradice con la áspera pared en donde aparece proyectada como si su imagen saliera por el cañón luminoso de una linterna mágica.
Aparece, además, flotando, y estampada sobre una pared grisacea, un interior cuyas puertas están cegadas por el mismo paramento que recubre toda su superficie. La "amable verdad" de la mesa es desmentida por la tosca superficie que la acoge y da consistencia a su luz, debido a la rugosidad y a la textura de la fachada de un edificio en su interior, pero que tiene toda la apariencia de un muro exterior. De esta forma el conjunto nos resulta sorprendente, rompe muchas de nuestras expectativas sobre la figuración pictórica según las convenciones anteriores y nos invita a pensar de nuevo las relaciones entre los objetos y su representación.
Algunos textos clásicos ofrecen a veces también "amables verdades", "poéticas mentiras", "bellas imágenes" de un idilio que se rompe al salir de su superficie textual y enfrentarnos con el mundo circundante. La visión esperpéntica rompe esa convención idealizadora, propia de la estampa costumbrista o del poema neoclásico, y nos presenta de forma más hiriente y descarada el envés de los mitos y de las verdades piadosas.
La veracidad del texto en sus relaciones con el mundo es un criterio y una exigencia del discurso filosófico, de la lógica y del sentido común. Muchas veces la información del texto es contrastada con el rigor del mundo y de ese parangón podemos obtener la adecuación de la representación verbal con lo representado.
El principio de veracidad es una de las normas de interacción comunicativa, según las formuló Grice. Todos los mecanismos semióticos inventados por los seres humanos e instituidos por las sociedades pueden ser utilizados, según U. Eco, tanto para decir la verdad (función veritativa) como para mentir (función ficcional).
La literatura parece ser, y eso pensaban los neopositivistas lógicos del círculo de Viena, un discurso especializado en el arte del engaño, del artificio mendaz. Pero, como también sugiere Mario Vargas Llosa la novela se redime en por su capacidad para sugerir la verdad mientras imagina (v. La verdad de las mentiras).
La veracidad entonces se convierte en verosimilitud, nada más decepcionante que la verdad misma para el hecho literario, nada más apropiado que lo que parece verdad, lo se se asemeja a ella. Y así las artes del realismo figurativo en la palabra o en el lienzo se permiten tantas verdades como inventos imaginarios sean precisos para que nos complazcamos o nos cuestionemos el significado o el sentido, la literalidad o la literaturidad.
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