TEXTOS | Vivir en los pronombres

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Mon 02-08-2004 09:35 AM

Vivir en los pronombres

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En este cuadro de Fernand Léger Mujer con gato podemos observar las principales características de este pintor, su tendencia a geometrizar las formas, la valoración del plano, el hieratismo, la pose cotidiana que adoptan los personajes. Observemos el rostro de esta mujer anónima, sin rasgos definidos, sin receptores propiamente dichos.

Los retratos pictóricos tienden a presentar personas reconocidas o gentes anónimas, como es el caso de este. No es esta una persona propiamente dicha, sino una actitud, un rictus social.

En el lenguaje las formas especializadas en la mención de persona son los nombres propios (verdaderos índices deícticos), los patronímicos, los pronombres en la gran variedad de sus formas de sigular o plural, de sujeto o de objeto.

Determinados textos poéticos se articulan a partir de los pronombres. Recordemos una de las obras más celebradas de Pedro Salinas La voz a ti debida, en la que la presencia del pronombre de segunda persona, no así el de primera, habita en casi todos sus versos. De tal manera que el poeta exclama en un momento: "...qué alegría más grande,/ vivir en los pronombres...".

Cierta poesía lírica, a partir del Romanticismo, se ha nutrido de la expansión semántica de los pronombres, de su halo de emoción o de misterio, ya que en ellos se encierra la mención del "otro" deseado o deseante. Así el sujeto habita el discurso y lo puebla de sentimientos, metáforas, símbolos y flores de su imaginario. Traduce al orden simbólico lo que estaba en la imaginación subjetiva.

Será la poética del nosotros la que agrande esta versión unidimensional de los sentimientos y la encauce por una vertiente más colectiva. Pero, en cualquier caso, la poesía parece ser el reino de los pronombres, ese lugar en donde los cuerpos se hacen signo.

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