TEXTOS | La libertad de trazar

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Sat 31-07-2004 11:15 AM

La libertad de trazar

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Esta obra de Joan Miró Personaje, pájaro (1981) es una muestra de su original forma de entender el surrealismo pictórico. En su producción predomina un principio: "la libertad de trazar" líneas y colores, insinuando vagamente cosas. A pesar de esa libertad hay también contención y equilibrio en la manera de ocupar el espacio plano de la composición. Los colores primarios y muy vivos animan extraordinariamente su obra y le dan una vitalidad especial.

El lenguaje escrito también se compone de trazos, y aún podríamos hablar de las trazas de la voz. Los trazos de la escritura dibujan letras según un código alfabético muy elaborado por la historia de las grafías. Desde la quietud y el estatismo de la letra impresa hasta la dispersión formal de la escritura manuscrita, con su aleatoriedad y pertinencia, que permite mantener una escritura personal, única, hológrafa, y al mismo tiempo identificar un código común.

Por eso la escritura manuscrita es testimonio inexcusable de la auténtica autoría y la firma sirve como identificador insustituible del sujeto.

Lo individual y lo colectivo del trazo se regula además por otras leyes, además de las caligráficas, las ortográficas. Ahí es donde se introduce de nuevo el código para establecer pautas de separación y de unión de letras y palabras, volviendo a introducir una nueva dispersión, por medio de la cual un mismo fonema se hace patente por diversos grafemas. Pero esta correspondencia no es libre, sino que está codificada.

Algunos autores, Roland Barthes, Gabriel García Márquez, han reivindicado en ocasiones la libertad de trazar, admientiendo su desorden por medio del cual se manifiesta el inconsciente (Lacan: "el inconsciente es el desorden de la letra").

La libertad del trazo está admitida, cada escritura es irrepetible, pero también codificada, la dispersión debe permitir ante todo la inteligibilidad del texto, y además debe respetar los códigos ortográficos. Sobre que estos sean más o menos arbitrarios e históricamente motivados nos ha ilustrado sobradamente la investigación de Jesús Mosterín. La reforma del código ortográfico supone la imposición de otro código, más racional eso sí, pero también constrictivo.

En todos las manifestaciones comunicativas hay una cierta libertad de trazar, pero también unas contenciones, unas barreras. Unas y otras contribuyen a que el texto pueda ser elaborado, y desde luego todo uso fuera del código se convierte en una práctica significante. Fue la ruptura de un código figurativo establecido lo que permitió a Miró y a tantos surrealistas decir de otro modo, darle cauce a su impulso creador. En un juego en el que parece estar reinventado la escritura en su paso del ideograma al jeroglífico, siempre con ingenuos balbuceos infantiles.

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