TEXTOS | Construcción de personajes

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Sat 17-07-2004 10:07 AM

Construcción de personajes

Menchu Lamas Observador (2001).jpg

Este cuadro de Menchu Lamas Observador nos muestra una desvaída silueta, en un plano americano, del esbozo de una persona cuyo rostro aparece de perfil dentro de un cuerpo hierático. El juego de líneas horizontales y de colores verticales y diagonales tiende a darle profundidad espacial a esta imagen de personaje plano.

Los textos literarios, narrativos y teatrales, fundamentan su contenido y sus acciones en la presencia de personajes en ellos. La construcción de personajes por parte de la literatura utiliza diversos procedimientos y ha creado uno de los repertorios figurativos más ricos que se pueda imaginar.

El texto literario parte de diferentes registros para construir al personaje, que obedecen a pautas de diversas épocas, sociedades y movimientos. Los personajes épicos son más bien simbólicos y expresan su carácter a grandes trazos. La picaresca y la novela social se arraiga más en los diversos estratos y condicionales sociales para poner en pie personajes verosímiles.

Muchas veces la obra requiere acompañarse de personajes de diversos planos: protagonistas, deuteroagonistas, antagonistas, observadores y también personajes anecdóticos, de último plano, necesarios en el conjunto narrativo.

Cuando la literatura se complace en la descripción y en la búsqueda de lo consabido aparece el personajes estereotipado dentro de la escena costumbrista, que no es más que un modelo ideal de una condición más o menos imaginaria.

Ha sido la novela psicológica la que ha hecho un mayor esfuerzo por construir personajes de verdad, desde una verdad interior, y ha dado así un repertorio de personajes que se parecen bastante a las personas que somos y que nos encontramos cada día.

Sin embargo este procedimiento acaba agotándose y cansando al lector que busca de nuevo el interés en la aventura, en la peripecia o en un lenguaje renovado. El personaje vuelve a reducirse y aparece como un nombre ocasional envuelto en un conjunto que lo desborda.

El estructruralismo pone en cuestión al personaje, lo entiende como un cruce de sentidos, un efecto del discurso. La antinovela así lo realiza, subordinandolo todo a la observación, a la mirada convertida en texto.

Todas estas epifanías del ser y del parecer han dado un impresionante juego a los textos literarios. Ahora estamos más bien en una etapa de debilitación del personaje, de personajes desvaídos o indecisos, ambiguos, que busca un ser sin encontrarlo.

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