Sun 04-07-2004 07:16 PM
Detalles nimios

Esta fotografía de Javier Campano "Lisboa" (1988) nos muestra una imagen de la ciudad portuguesa, la visión fugaz de un paseante, de un flâneur curioso, que se detiene en detalles nimios, pero reveladores de una subjetividad despierta y atenta.
En los textos narrativos y descriptivos es frecuente que la atención del narrador o del enunciador descienda a detalles casi insignificantes, perfectamente prescindibles, pero que sin embargo tienen una función dentro del texto.
Si se trata de un texto ficcional esos detalles le dan verosimilitud al relato, valor de verdad, pues, en nuestra experiencia cotidiana, lo que nos hace advertir que estamos en un mundo real es precisamente esa capacidad para constatar que todo está en su sitio y que nada se ha movido de donde acostumbra. Otra cosa es la que ocurre en los sueños, donde la estabilidad y la permanencia de las cosas es muy precaria.
En los textos descriptivos el detalle menor permite darle al rostro, al paisaje, al objeto un sentido de algo completo, acabado, que presenta una apariencia completa tanto a partir de rasgos esenciales como de rasgos secundarios.
En el teatro estos detalles nimios no se prodigan pero tampoco faltan, se busca una escenografía más bien simbólica y esencial, que no distraiga a los espectadores, pero no faltan algunos detalles que tienen también ese valor de verdad que hemos señalado en los textos narrativos.
En el cine, el detalle pequeño no pasa desapercibido para el espectador, pues hay una convención entre emisor y receptor, si algo aparece en el filme esto será usado después con alguna finalidad, su aparición no es gratuita.
A veces, en la novela policiaca, narrador y lector están muy atentos a estos detalles, pues ambos saben la importancia reveladora de lo aparentemente trivial e insignificante.
Roland Barthes habla en su Cámara lúcida del efecto punzante de la fotografía, el punctum. Este efecto no pertenece a la composición ni se puede compartir, por tanto, para todos los espectadores. Es subjetivo y aleatorio, pero hace que algo en una fotografía nos cautive o nos haga sentirnos mal, algo nos pincha.
En esta fotografía hay un ritmo conseguido por alternancias de colores blancos y oscuros que podemos apreciar en el pavimento de la calle a través de esos regulares y geométricos adoquines; pero también en la vestimenta de estas dos personas donde hay un juego de contrastes entre la piel oscura y la indumentaria más clara. Pero son esos zapatos de la mujer, de un blanco inmaculado, lo que arman la fotografía de sentido, le dan relieve, la calzan.
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