Tue 01-06-2004 12:01 PM
El espejo a la largo del camino
Este cuadro de Escher Charco muestra de forma muy elocuente la imagen del reflejo sobre una superficie de agua del paisaje vertical. Es un charco a lo largo del camino que han hollado ruedas y pisadas.
En el siglo XIX Stendhal definió la novela como "Un espejo a lo largo del camino", manifestando con esta imagen la función testimonial y realista de este género, su efecto de verosimilitud.
Sin embargo, en el siglo XX la novela ha invertido esta estética realista y se ha propuesto como género que opera a modo de "Camino a lo largo del espejo". En cualquier caso, la función de espejo la realiza en ella el discurso narrativo, el lenguaje.
Si para Stendhal el lenguaje era un instrumento perfectamente capaz de reflejar el pensamiento y la realidad (siguiendo la tradición racionalista e ilustrada del lenguaje como "espejo fiel de la mente") en el siglo XX, y a partir de Nietzsche, se ha considerado que el lenguaje es un instrumento fiel a sí mismo, más que a la realidad, y escribir es, de algún modo, explorar las posibilidades expresivas del lenguaje.
De ahí el significado de "camino a lo largo del espejo", un relato se abre camino a través del lenguaje y adquiere de él sus propiedades. La novela ya no se propone tanto decir como son las personas (novela psicologista), como mostrar qué puede hacer el lenguaje para construir un discurso narrativo. De esta forma el protagonismo lo asume el texto y los personajes, y el conflicto es un mero "pre-texto" para la escritura.
Cansados de inventar historias, algunos novelistas contemporáneos ha descubierto el interés de contar la vida real, su propia vida en muchos casos, y se han aplicado a ello.
Ese "camino de vuelta del espejo" lo podemos ver en el proceso que lleva a Javier Marías desde "Todas al almas" (parte de sus peripecias como lector en Oxford) a "Negra espalda del tiempo" (desarrollos fragmentarios y explicaciones sobre su vida).
Se aprecia en el recorrido que en la obra de Antonio Muñoz Molina va desde "Ardor guerrero" (novela autobiográfica) a "Sefarad" (relato de algunos de sus viajes y de otros viajes de escritores a través del exilio) y finalmente a "Ventanas de Manhattan", obra que abre el postigo de la mirada a la vida misma del autor en Nueva York.
Lo comprobamos en la última obra de Enrique Vila Matas "París no se acaba nunca", testimonio de su estancia juvenil en la ciudad.
Son obras que cobran mayor interés para el lector contemporáneo que esas obras novelas artificiosas, con personajes más o menos creíbles de historias fabuladas.
Al final la fábula más increíble y más interesante es la vida misma, sobre todo la propia vida, esa novela que escribimos cada día y que al final leeremos complacidos o aterrados.
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