TEXTOS | Interiores

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Fri 21-05-2004 01:22 PM

Interiores

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La pintura de interiores ha destacado dentro de la escuela holandesa. Este cuadro de Escher no es ajeno a esa tradición que tan excelentes muestras ha dado en el barroco. Pero esta obra conecta el interior con el exterior a través de un espejo que permite contemplar lo que la ventana dejaría ver. Sin embargo, ese exterior no deja de ser algo íntimo, hogareño y también sombrío.

La descripción de interiores suele aparecer dentro de los textos narrativos para crear el clima ambiental en el que se desenvuelve la acción o un personaje. El cine distingue con mucha precisión los exteriores de los interiores, con matices de luz y color, decoración y otros efectos. El interior no es solo el espacio de la clausura, de lo íntimo, de la mirada personal, el mundo propio, sino el lugar revelador que nos permite ver más allá del sujeto, hacia su propio mundo interior retratado en él. A veces bastan una serie de pinceladas, un conjunto de pocos adjetivos bien dispuestos para crear esa impresión. La descripción no tiene que ser morosa y exhaustiva, no debe proceder como inventario, sino como muestrario simbólico que dispare la imaginación del lector, ya que el interior está, sobre todo, inscrito en la memoria del que lee el texto, y bastan unas notas evocadoras para que este cobre vida.

Lo que singulariza el interior de este cuadro son esas pequeñas huellas de lo cotidiano: la palmatoria o el peine, el dentrífico o el cestillo; pero los aspectos más singulares pueden ser la estampa religiosa o el perfume, con sus rótulos ilegibles. Es lo que da sensación de una vida "aún presente en el espejo", testigo de una existencia humana ausente pero todavía viva.

Difícilmente la literatura puede competir con la pintura en este ejercicio de la descripción de interiores, pero se acompañan muy bien cuando el texto y la imagen recorren un mismo itinerario de sentido.

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