Wed 25-02-2004 12:40 PM
Textos de placer, textos de goce
El placer del texto ha sido presentado por Roland Barthes como uno de los efectos de la textualidad. Hay textos de placer y textos de goce. Estos últimos concitan las emociones y pasiones del sujeto autor o lector, son textos que se padecen y se disfrutan a veces con dolor. El texto no deja indiferente, como ocurre con la obra, con algunas obras. Pues el texto es una actividad pulsional, la pulsión textual, que entraña la experiencia de la posesión y de la diferencia.

Cuando el texto es la imagen del "Hombre de la noche" de R. Magritte y nos invita a pensar una serie de relaciones entre iconogramas yuxtapuestos y aparentemente incompatibles, la representación se torna en el motivo que nos convoca a la elaborar el texto de una explicación, de un discurso que dé cuenta de la integración de elementos disímiles conectados en el discurso de la plástica figurativa.
Este encabalgamiento de ideas, sensaciones, intenciones, nos permite plantearnos la cuestión de la textualidad como un proceso de creación y de combinación de elementos del sistema semántico, que puede alterar los equilibrios de este, estableciendo nuevos lineamientos y relaciones insospechadas. El texto es un artificio que permite conectar, relacionar, inventar, cuestionar cualquier realidad, a diferencia del contacto fáctico con las barreras que impone la realidad.
Y así el texto, como el sueño, se forman a partir de emociones, sentimientos y pulsiones libres, como las del deseo, y es también una actividad libidinal, es decir, creativa. La pulsión textual puede convertirse en obsesión y catarsis.
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