Wed 18-02-2004 10:10 PM
El texto narcisista
La antropología nos ha mostrado otra forma más integradora de apreciar la cultura humana como hecho universal. La cultura es el espacio donde se generan los mitos, los códigos, el sistema de las acciones, los mundos posibles y en definitiva donde se conforman los textos como realidades que comprenden el mundo y que están comprendidas en él. El espacio de la cultura es también el de la comunicación, el de la construcción de las prácticas y de los significados, que se cristalizan en discursos abiertos a una continua renovación lectora, aunque indemnes al proceso que se deriva de tal actividad. El modelo lingüístico e ingenuamente comunicativo de los años sesenta y setenta ha tenido que ampliar su horizonte fenomenológico incluyendo en él la codificación multicódigo en que se producen los eventos comunicativos, paralingüísticos y exolingüíticos. La ideología postmoderna, el pensamiento débil, el deconstruccionismo han desempeñado en la última década el rol narcisista de los espejos, renunciando de antemano a conocer cualquier realidad más allá de lo inmediato, centrando su actividad en el ludismo de los medios y de la cultura de masas. Parece que estas manifestaciones satisfacen en tan escasa medida nuestras necesidades de conocimiento como el estructuralismo deterministas de los años sesenta. Habrá que alumbrar nuevos paradigmas que den cuentan de los hechos humanos y de los fenómenos comunicativos que superen, también, los reduccionismos cientifistas, que piensan la actividad cognoscitiva como la reductio ad unum, imitando con ello las leyes fisicomatemáticas. El modelo cualitativo parece imponerse, pero no ha sido capaz todavía de hacer compatible el estudio de los hechos individuales con la consideración de las manifestaciones colectivas.
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