TEXTOS | La inscripción del hablante en el texto

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Sat 04-09-2004 08:09 PM

La inscripción del hablante en el texto

Dali de espaldas.jpg

Este famoso cuadro de Salvador Dalí posee un título algo desconcertante "Dalí de espaldas pintando a Gala de espaldas eternizada por seis córneas virtuales provisionalmente reflejadas en seis verdaderos espejos" (1972-73). Es una variante del autorretrato ante el espejo, en el que se incluye además el retrato de una mujer. Ambos, pintor y modelo, aparecen en planos sucesivos mediante una composición simétrica de tipo especular. Podemos apreciar la tela del lienzo por ambas caras, como el cuerpo de ambos, y distinguimos varios frames integrados.

El del espejo, al fondo, fragmento del cuadro que nos muestra la cara de los personajes y que está enmarcado como para subrayar su carácter de tal; el de la ventana, o espacio abierto hacia el exterior a través del cual entra la luz que ilumina la escena; el del lienzo pintado que queda oculto por el cuerpo del artista; y, finalmente, el cuadro mismo que contiene a los anteriores y que es el que observa el espectador aportando sus dos "corneas".

Una escena intimista que recuerda otras tópicas de la pintura holandesa del siglo XVII, pero construida aquí buscando el efectismo y la sensación de una variante no ensayada e ingeniosa. Una propuesta original en la que el artista se inscribe en su obra e incluye en ella a Gala, su modelo favorita.

El texto lingüístico también permite la inscripción del hablante en el discurso y le ofrece signos y "frames" textuales memorables. La del autorretrato literario ya ha sido glosado. Los signos que permiten la automención son variados, los deícticos de primera persona, la mención de la segunda persona que equivale a la primera, en la que el hablante se desdobla en "tú" imaginario, la mención impersonal de uno mismo en el discurso, que no pasa desapercibida a un lector atento, formas nominales y coloquiales que permiten efectos humorísticos e ironías ("mi menda lerenda").

De esta forma la persona se incluye en el texto, se nombra a sí misma y abandona por sus medios el estadio del espejo en que quiere verse sumergido un pintor tan infantil, a veces, como fue Dalí. Esta auto-llamada opera en el plano objetivo y subjetivo y permite nuclear el paso del yo ensimismado al yo público y social.

En el cruce de estos signos algunos han querido ver que el sujeto es un efecto de la estructura del lenguaje que le da nombre y le permite pasar del orden imaginario al orden simbólico. En cualquier caso, el lenguaje posibilita la construcción de las nociones de lo subjetivo y de lo objetivo, pensar esas realidades como escendidas, la escisión de la marca, del significante en su deriva. El título del cuadro de Dalí, su interpretante lingüístico, nos propone un enigma, hallar esos "seis verdaderos espejos".

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