TEXTOS | La comprensión del texto

Weblog de Manuel Cerezo Arriaza

Fri 23-04-2004 12:40 PM

La comprensión del texto

La torre roja.jpg

Este cuadro de Giorgio De Chirico "La torre roja" nos plantea a los espectadores un problema de interpretación. Si bien sus elementos explícitos son evidentes, no es tan patente la intención formativa del pintor.

La comprensión de los textos parte siempre de una hipótesis que arriesga el lector sobre su contenido y su intención. Los lectores nos comportamos de forma muy flexible y por ello solemos cometer errores, pero es fácil modificar la hipótesis inicial de la que se parte, incluso antes de comenzar la lectura, para acomodarla a los datos que nos va proporcionando el proceso. Si bien el texto es lineal, y su información sucesiva, hay en él estructuras globales de significado, las macroestructuras, que no se hacen evidentes en sus partes concretas. Hay que realizar una inferencia, una abducción interpretativa, que sea capaz de dar cuenta del conjunto de informaciones.

El proceso no consiste en retener en la memoria todos los datos del texto, por otra parte algo que no se suele producir, debido a las limitaciones de la memoria a corto plazo. Nuestras experiencias de lectura previas han creado en la mente una memoria episódica en la que aspectos del texto pueden ser relacionados con esa interpretación global. Estos guiones o modelos mentales nos ofrecen pautas de interpretación muy accesibles, y son las que solemos utilizar más a menudo.

Sin embargo, algunos de estos modelos proporcionan estereotipos, prejucios, cogniciones sociales, que si bien permiten asignar interpretación, lo hacen de una manera falaz y poco fiel al contenido del texto. Cuando un texto no se deja ahormar con facilidad por alguna de estas representaciones, nos obliga a repensarlo, a analizarlo de forma más detenida, nos invita a reflexionar. Y esa es la principal función que tiene este cuadro de De Chirico, proporcionarnos elementos de indagación en una propuesta plástica cuyo sentido no es evidente ni automático.

La interpretación tiene que extrapolar valores simbólicos en los que la "torre", motivo central del cuadro, enigmática y lejana, puede ser una evocación del poder, como esa estatua ecuestre que no se deja ver por completo y cuya sombra (¿ominosa?) resulta inquietante. Un oscuro callejón, desde donde mira el espectador, nos lleva a un paisaje despejado y luminoso, pero también deshumanizado y con un lado de oscuridad. Se insinúan varios sentidos posibles que cada espectador anclar en función de su aportación subjetiva.

En definitiva, la comprensión del texto está guiada por la interpretación última que le asignamos, y es la estrategia interpretativa la que nos conduce a ella. No solemos operar al contrario, desde la comprensión a la interpretación, el camino lógico, nos adelantamos a arriesgar una interpretación y con ello solemos equivocarnos a menudo. Pues en la interpretación están nuestros prejuicios, deseos y miedos. Así el texto es finalmente el espejo en el que nos miramos.

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